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LA EUCARISTIA Es misterio Es sacramento Es sacrificio Como
misterio, se cree Como sacramento, se recibe Como sacrificio, se ofrece. Se propone al entendimiento como misterio. Se
da al alma como alimento Se ofrece a Dios como homenaje Como misterio, anonada. Como sacramento, alimenta Como
sacrificio, redime. Como misterio, es admirable. Como sacramento, es deleitable. Como sacrificio, es inefable. Como
misterio, es impenetrable. Como sacramento, es presencia real. Como sacrificio,
alimenta. Como misterio, es impenetrable. Como sacramento, es sabrosísimo. Como sacrificio, es valiosísimo. Como
misterio, debo meditarlo. Como sacramento, debo gustarlo. Como sacrificio, debo apreciarlo sobre todo. Es misterio
de fe. Debo creerlo. Es sacramento de amor. Debo amarlo. Es sacrificio de Dios. Debo confiar en él. Como
misterio se esconde.. en el Sagrario. Como sacramento, alimenta.. es convite, es comunión. Como sacrificio, se inmola...
es víctima.. es la Santa Misa.
¡Oh Misterio Adorable! El Sagrario será mi refugio. ¡Oh Sacramento Dulcísimo!
Comulgar será mi mayor deseo. ¡Oh Sacrificio Estupendo! La misa será mi prioridad de vida.
La Eucaristía (La Santa Hostia) es Jesucristo vivo, su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, que se hace presente
cuando el sacerdote consagra el pan y vino en la Santa Misa. Estos elementos se convierten en el Cuerpo y la Sangre del Señor.
Recibir la Eucaristía (Comunión) es recibir a Jesucristo. La Eucaristía, explica el Papa León XIII, contiene "en una variedad
de milagros, todas las realidades sobrenaturales" (Encíclica Mirae Caritatis). La Eucaristía es el compendio
y la suma de nuestra fe. La Eucaristía es el corazón y la cumbre de la vida de la Iglesia, pues en ella Cristo asocia
su Iglesia y todos sus miembros a su sacrificio de alabanza y acción de gracias ofrecido una vez por todas en la cruz a su
Padre; por medio de este sacrificio derrama las gracias de la salvación sobre su Cuerpo, que es la Iglesia. "Nos es posible recibir la eucaristía como un alimento privado para después encerrarse en el propio individualismo.
(La Eucaristía) nos une al Señor y en ese sentido nos une entre nosotros. Es vinculante, en el sentido de que nos hace miembros
del Cuerpo de Cristo, cuya unidad se constituye en los vínculos de la profesión de fe, de los sacramentos, del gobierno eclesiástico
y de la comunión". -Cardenal Ratzinger, 22-XII-03
De Los Padres de la Iglesia
De San Ignacio de Antioquía (Siglo I): Llama por primera vez "Eucaristía"
al Santísimo Sacramento (Esmir., c. viii). San Ignacio utiliza la terminología joánica para enseñar sobre la Eucaristía, a
la que llama "la carne de Cristo", "Don de Dios", "la medicina de inmortalidad". Llama a Jesús "pan de Dios" que ha de ser
comido en el altar, dentro una única Iglesia. "No hallo placer en la comida de corrupción ni
en los deleites de la presente vida. El pan de Dios quiero, que es la carne de Jesucristo, de la semilla de David; su sangre
quiero por bebida, que es amor incorruptible. Reuníos en una sola fe y en Jesucristo.. Rompiendo un solo pan, que es medicina
de inmortalidad, remedio para no morir, sino para vivir por siempre en Jesucristo" San Ignacio denuncia
a los herejes "que no confiesan que la Eucaristía es la carne de Jesucristo nuestro Salvador, carne que sufrió por nuestros
pecados y que en su amorosa bondad el Padre resucitó". Los mártires, al derramar su sangre por sus hermanos, no hicieron sino mostrar lo que habían
tomado de la mesa del Señor. Amémonos, pues, los unos a los otros, como Cristo nos amó y se entregó por nosotros. -S. Agustín, Lit Horas, miércoles santos.
Son innumerables los Padres y santos que hablaros sobre
la Eucaristía
EL SACRAMENTO DE LA SAGRADA EUCARISTIA
La Eucaristía es el Sacramento que contiene
verdaderamente el Cuerpo y Sangre de Jesucristo, juntamente con su Alma y Divinidad, toda la Persona de Cristo vivo y glorioso,
bajo las apariencias de pan y vino. El concilio de Trento define claramente esta verdad, fundamental para la vivencia y
adoración de Cristo: " En el Santísimo Sacramento de la Eucaristía se contiene verdadera, real y sustancialmente el Cuerpo
y Sangre de nuestro Señor Jesucristo, juntamente con su Alma y Divinidad. En realidad Cristo íntegramente." Como católicos,
creemos que Jesucristo está personalmente presente en el altar siempre que haya una hostia consagrada en el sagrario. Es el
mismo Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, que andaba por los caminos de Galilea y Judea. Creemos que El viene ahora
como nuestro huésped personal, cada vez que recibimos la Santa Comunión. La Eucaristía es uno de los siete sacramentos instituidos por Cristo para que participemos de la vida de Dios. Es el
mayor de todos los sacramentos, porque contiene a Cristo mismo, el Autor Divino de los Sacramentos. Hay tres aspectos
o momentos en la Eucaristía. El primero se dice real Presencia de Cristo
en el altar, siempre que haya una hostia consagrada en el Sagrario. Segundo, la Eucaristía como sacrificio, que es la Misa.
Y tercero, la Santa Comunión. La palabra Eucaristía, derivada del griego, significa "Acción de gracias". Se aplica a este
sacramento, porque nuestro Señor dio gracias a su Padre cuando la instituyó. Además, porque el Santo Sacrificio de la Misa
es para nosotros el mejor medio de dar gracias a Dios por sus beneficios. La
Sagrada Eucaristía es el verdadero centro del culto católico, el corazón de la fe. Y porque creemos que el hijo de Dios está
verdaderamente presente en el Sacramento del altar, construimos bellas iglesias, ricamente adornadas. El Sacrificio de la Misa no se limita a ser mero ritual en recuerdo del sacrificio del Calvario.
En él, mediante el ministerio sacerdotal, Cristo continua de forma incruente el Sacrificio de la Cruz hasta que se acabe el
mundo. La Eucaristía es también comida que nos recuerda la Ultima Cena; celebra nuestra fraternidad en Cristo y anticipa ya
el banquete mesiánico del Reino de los Cielos. Por la Eucaristía, se da Jesús mismo, Pan de Vida, en alimento a los cristianos
para que sean un pueblo más grato a Dios, amándole más y al prójimo por Él. Se reserva la Eucaristía en nuestras iglesias
como ayuda poderosa para orar y servir a los demás. Reservar el Santísimo Sacramento significa que, al terminar la comunión,
el Pan consagrado que sobra se coloca en el Sagrario y allí se guarda reverentemente. La Eucaristía en el Sagrario es un signo
por el cual Nuestro Señor está constantemente presente en medio de su pueblo y es alimento espiritual para enfermos y moribundos. Debemos
agradecimiento, adoración y devoción a la real presencia de Cristo reservado en el Santísimo Sacramento. Las tumbas de
los mártires, las pinturas murales de las catacumbas y la costumbre de reservar el Santísimo Sacramento en las casas de los
primeros cristianos durante las persecuciones, ponen de manifiesto la unidad de la fe en los primeros siglos del Cristianismo
sobre la doctrina de la Eucaristía, en la cual Cristo realmente se contiene, se ofrece y se recibe. De la Eucaristía sacó
fuerzas toda la Iglesia para luchar valerosamente y conseguir brillantes victorias. La Eucaristía es el centro de toda la
vida sacramental, pues es de capital importancia para unir y robustecer la Iglesia. La novena en honor del Sacramento de
la Sagrada Eucaristía puede hacerse muchas veces durante el Año Litúrgico, para ahondar nuestra fe en este gran misterio de
amor, centro de toda la vida sacramental de la Iglesia.
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POR AMOR A LA EUCARISTIA
Unos
meses antes de su muerte el Obispo Fulton J. Sheen fue entrevistado por la televisión nacional: "Obispo Sheen, usted inspiró
a millones de personas en todo el mundo. ¿Quien lo inspiró a usted? ¿Fue acaso un Papa?". El Obispo Sheen respondió que
su mayor inspiración no fue un Papa, ni un Cardenal, u otro Obispo, y ni siquiera fue un sacerdote o monja. Fue una niña China
de once años de edad. Explicó que cuando los comunistas se apoderaron de China, encarcelaron a un sacerdote en su propia
rectoría cerca de la Iglesia. El sacerdote observó aterrado desde su ventana como los Comunistas penetraron en la iglesia
y se dirigieron al santuario. Llenos de odio profanaron el tabernáculo, tomaron el copón y lo tiraron al piso, esparciendo
las Hostias Consagradas. Eran tiempos de persecución y el sacerdote sabía exactamente cuantas Hostias contenía el copón: Treinta
y dos. Cuando los comunistas se retiraron, tal vez no se dieron cuenta, o no prestaron atención a una niñita que rezaba
en la parte de atrás de la iglesia, la cual vio todo lo sucedido. Esa noche la pequeña regresó y, evadiendo la guardia apostada
en la rectoría, entró a la iglesia. Allí hizo una hora santa de oración, un acto de amor para reparar el acto de odio. Después
de su hora santa, se adentró al santuario, se arrodilló, e inclinándose hacia delante, con su lengua recibió a Jesús en la
Sagrada Comunión. (en aquel tiempo no se permitía a los laicos tocar la Eucaristía con sus manos). La pequeña continuó
regresando cada noche, haciendo su hora santa y recibiendo a Jesús Eucarístico en su lengua. En la trigésima segunda noche,
después de haber consumido la última Hostia, accidentalmente hizo un ruido que despertó al guardia. Este corrió detrás de
ella, la agarró, y la golpeó hasta matarla con la culata de su rifle. Este acto de martirio heroico fue presenciado por
el sacerdote mientras, sumamente abatido, miraba desde la ventana de su cuarto convertido en celda. Cuando el Obispo Sheen
escuchó el relato, se inspiró a tal grado que prometió a Dios que haría una hora santa de oración frente a Jesús Sacramentado
todos los días, por el resto de su vida. Si aquella pequeñita pudo dar testimonio con su vida de la real y hermosa Presencia
de su Salvador en el Santísimo Sacramento, entonces el obispo se veía obligado a lo mismo. Su único deseo desde entonces sería,
atraer el mundo al Corazón Ardiente de Jesús en el Santísimo Sacramento. La pequeña le enseñó al Obispo el verdadero valor
y celo que se debe tener por la Eucaristía; como la fe puede sobreponerse a todo miedo y como el verdadero amor a Jesús en
la Eucaristía debe trascender a la vida misma. Lo que se esconde en la Hostia Sagrada es la gloria de Su amor. Todo lo
creado es un reflejo de la realidad suprema que es Jesucristo. El sol en el cielo es tan solo un símbolo del hijo de Dios
en el Santísimo Sacramento. Por eso es que muchas custodias imitan los rayos de sol. Como el sol es la fuente natural de toda
energía, el Santísimo Sacramento es la fuente sobrenatural de toda gracia y amor. JESUS es el Santísimo Sacramento, la
Luz del mundo.
Extracto de un artículo “Let the Son Shine" por el
Rev. Martin Lucía
Llego a mis manos a travez de Oscar
Antonio Mendez Perez |
“LA CONVOCATORIA DEL PAPA JUAN PABLO II: LA EUARISTIA, CENTRO
DE LA VIDA DE LA IGLESIA"
1. Se celebra hoy en Italia y en otros países el Corpus Christi, solemnidad
del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Es la fiesta de la Eucaristía, sacramento en el que Jesús nos dejó el memorial vivo de su
Pascua, acontecimiento central de la historia de la humanidad. Es bello que en este día los fieles se reúnan en torno al
Santísimo sacramento para dorarle, que lo acompañen en procesión por las calles, que expresen con tantos signos de devoción
la fe en cristo vivo y la gloria de Su Presencia. 2. Precisamente, al celebrar el Corpus Christi con la diócesis de Roma,
el jueves pasado anuncié que, en el próximo mes de octubre, coincidiendo con el Congreso Eucarístico Internacional de Guadalajara
(México), comenzará un especial “Año de la Eucaristía”, que terminará en octubre de 2005 con la asamblea ordinaria
del sínodo de los obispos, cuyo tema será “La Eucaristía, fuente y culmen de la vida y de la misión de la Iglesia”. El
“Año de la Eucaristía” tiene lugar en el marco del proyecto pastoral que he presentado en la carta apostólica
“Novo millenio ineunte”, en la que invité a los fieles a “volver a comenzar desde Cristo” (números
29 y siguientes). Contemplando de manera más asidua el rostro del Verbo Encarnado, realmente presente en el Sacramento, podrán
practicar el arte de la oración (Cf. Número 32) y comprometerse en ese “alto grado” de la vida cristiana (Cf.
N.31), que es condición indispensable para desarrollar de manera eficaz la nueva evangelización. La Eucaristía está en
el centro de la vida de la Iglesia. En ella, Cristo se ofrece al Padre por nosotros, haciéndose partícipes de su mismo sacrificio,
y se nos da como pan de vida para nuestro camino por las sendas del mundo. 3. Ya desde ahora pongo en manos de la Virgen
María, “mujer eucarística” (Cf. Encíclica “Ecclesia de Eucharistia”, 53-58), esta nueva iniciativa.
Que -.-después de habernos ayudado en el Año del Rosario a contemplar a cristo con su mirada y su corazón (Cf. “Rosarium
Virginis Mariae”, 10-17) — haga crecer a cada comunidad en la fe y en el amor hacia el misterio del Cuerpo y la
Sangre del Señor. El Papa Juan Pablo II también expresó para todo el mundo en esa misma ocasión: ¡Que la Eucaristía
sea el centro de vuestra vida! Como podemos apreciar, Su Santidad subraya la centralidad y la medular importancia de la
Sagrada Eucaristía, coincide con las propuestas hechas en la Primera Parte de Aportaciones para los Congresos Eucarísticos,
sabemos que el vicario de Cristo en la Tierra impulsa la necesidad de ahondamiento en las reflexiones sobre este particular
punto vital de la Iglesia y de la vida de fe de todos los creyentes, y que ésta tarea, le ha sido encomendada directamente
por Dios Padre. Para quienes están enterados y leen con frecuencia los Mensajes dados a los Profetas de los Últimos Tiempos
y saben ubicar bien las acciones del actual Papado, podemos percatarnos que siendo el Papa un conocedor de lo profetizado
en las Sagradas Escrituras, y por su gran amor a la humanidad, pues de otra manera no podría entenderse su constante sacrificio
y entrega, de un hombre que trabaja heroica y santamente unido a la Virgen María, intercediendo por la conversión de los hombres
para alcanzar la paz en la tierra para los hombres y ganar la vida eterna que debe ser meta de todo católico-cristiano y de
los no católico-cristianos pero que son hombres de buena voluntad y que creen en Dios y en Cristo Y procuran vivir Su doctrina
y obedecer los Mandamientos divinos. El Papa sabe que hay profecías que pre-marcan el rumbo de la historia humana, pero
Juan Pablo II no olvida que se trata de “la historia de la salvación de los hombres” y por ello se entrega sin
importarle dolores, enfermedades, atentados, traiciones, incomprensiones, calumnias y hasta campañas de contestación a su
autoridad. Juan Pablo II es el gran Papa que haciendo de su vida un santo holocausto como verdadera hostia viviente, puesta
su mirada en lo profetizado y deseando aliviar los dolores de Jesús y de María por la gran apostasía y los innumerables y
gravísimos pecados de una sociedad mundial hundida en el peor de los fangos que constantemente ofende a Su Creador, lucha
por hacernos entender a todos, que estamos llamados a asumir nuestro papel iluminado por la conciencia de nuestra responsabilidad
histórica de este final de los tiempos mesiánicos. El “Ministerio Nacional de Difusión Profética” (México)
le invita a consultar en su Website: http://www.finaldelostiempos.com.mx el cuadro que en su portada principal se denomina SAGRADA EUCARISTÍA y accesar a otros sitios con información similar
localizables en nuestra Sección de Enlaces. ¡Rezad el santo Rosario, manteneos en Gracia y frecuentad los Sacramentos!
| Oh Santa Hostia, en la que está encerrado el testamento de la Divina Misericordia
para nosotros y, especialmente, para los pobres pecadores.
Oh Santa Hostia, en la que está oculto el Cuerpo y la Sangre del Señor Jesús como
testimonio de la infinita misericordia hacia nosotros y, especialmente, hacia los pobres pecadores.
Oh Santa Hostia, que contiene la vida eterna que de la infinita misericordia es donada en abundancia
a nosotros y, especialmente, a los pobres pecadores.
Oh Santa Hostia, en la que está la misericordia del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo hacia
nosotros y, especialmente, a los pobres pecadores.
Oh Santa Hostia, en la que está encerrado el precio infinito de la misericordia, que compensará
todas nuestras deudas y, especialmente, las de los pobres pecadores.
Oh Santa Hostia, en la que encierra la fuente de agua viva que brota de la infinita misericordia
hacia nosotros y, especialmente, para los pobres pecadores.
Oh Santa Hostia, en la que está encerrado el fuego del amor purísimo que arde del seno del Padre
Eterno, como del abismo de la infinita misericordia para nosotros y, especialmente, para los pobres pecadores.
Oh Santa Hostia, en la que está guardado el remedio para todas nuestras debilidades, remedio
que mana de la infinita misericordia, como de una fuente para nosotros y, especialmente, para los pobres pecadores.
Oh Santa Hostia, en la que está encerrado el vínculo de unión entre Dios y nosotros, gracias
a la infinita misericordia para nosotros y, especialmente, para los pobres pecadores.
Oh Santa Hostia, en la que están encerrados todos los sentimientos del dulcísimo Corazón de
Jesús hacia nosotros y, especialmente, hacia los pobres pecadores.
Oh Santa Hostia, nuestra única esperanza en todos los sufrimientos y contrariedades de la vida.
Oh Santa Hostia, nuestra única esperanza entre las tinieblas y las tormentas interiores y exteriores.
Oh Santa Hostia, nuestra única esperanza en la vida y en la hora de la muerte.
Oh Santa Hostia, nuestra única esperanza entre los fracasos y el abismo de la desesperación.
Oh Santa Hostia, nuestra única esperanza entre las mentiras y las traiciones.
Oh Santa Hostia, nuestra única esperanza entre las tinieblas y la impiedad que sumergen la tierra.
Oh Santa Hostia, nuestra única esperanza entre la nostalgia y el dolor, en el que nadie nos
comprende.
Oh Santa Hostia, nuestra única esperanza entre las fatigas y la vida gris de todos los días.
Oh Santa Hostia, nuestra única esperanza cuando nuestras ilusiones y nuestros esfuerzos se esfuman.
Oh Santa Hostia, confiaré en Ti cuando las dificultades excedan mis fuerzas y cuando mis esfuerzos
resulten inútiles.
Oh Santa Hostia, confiaré en Ti cuando las tormentas agiten mi corazón y el espíritu aterrorizado
comience a inclinarse hacia la desesperación.
Oh Santa Hostia, confiaré en Ti cuando mi corazón comience a temblar y el sudor mortal nos bañe
la frente.
Oh Santa Hostia, confiaré en Ti cuando todo se conjure contra mí y la negra desesperación comience
a introducirse en mi alma.
Oh Santa Hostia, confiaré en Ti cuando mi vista se apague para todo lo que es terrenal y mi
espíritu vea por primera vez los mundos desconocidos.
Oh Santa Hostia, confiaré en Ti cuando mis obligaciones estén por encima de mis fuerzas y el
fracaso sea mi destino habitual.
Oh Santa Hostia, confiaré en Ti cuando el cumplimiento de las virtudes me parezca difícil y
mi naturaleza se rebele.
Oh Santa Hostia, confiaré en Ti cuando los golpes de los enemigos sean dirigidos contra mí.
Oh Santa Hostia, confiaré en Ti cuando las fatigas y los esfuerzos sean condenados por la gente.
Oh Santa Hostia, confiaré en Ti cuando Tu juicio resuene sobre mí, en aquel momento confiaré
en el mar de Tu misericordia.(356)
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Bendiciones!!!
Maribel
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