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El bien sólo lo hace Dios. El
hombre hace el bien en la medida en que su corazón vaya al unísono con el de Dios. Cuando nuestra voluntad se ha identificado
con la divina, nuestro apostolado se vuelve divino, de largo alcance.

“Para que el mundo conozca mi Bondad
necesito apóstoles que le muestren mi Corazón, pero que sobre todo lo conozcan porque nadie puede enseñar lo que no sabe.
Deseo formar una liga de amor entre mis almas consagradas; para que ellas enseñen y publiquen por el mundo mi Misericordia
y mi Amor”. El apóstol es el enviado de Dios, en ti ha fijado sus ojos para que des a conocer el “Gran desconocido”.
Habla al mundo de su amor, de su ternura…de sus deseos de ser amado…¡Que respondan a su amor con amor!

“No todas las almas pueden ir a evangelizar y predicar a países salvajes,
pero sí todas pueden hacer conocer a amar mi Corazón. Mi Amor se sirve no solamente de su vida ordinaria y de sus menores
acciones, sino también de sus miserias y debilidades, y muchas veces de sus caídas para bien de otras almas”.
El Corazón de Jesús tiene puesta su mirada en ti…Mírale…En su mirada encontrarás un nuevo llamamiento para
el apostolado…para ser su compañero en las bregas del amor.

Corazón de Jesús:
Que “me consuman las ansias de amarte y de verte amado”
Que “me abrase en el deseo de la salvación de las almas”
Que te conozca y te haga conocer de aquellos que tu amor me confíe.
Corazón de mi Jesús:
Que “las almas encuentren en tus palabras remedio a todas sus enfermedades”
Que “las almas conozcan el continuo deseo que te abrasa de ser amado de todos”
Que “las almas sepan que deseas ser tu recompensa y su felicidad”

PRACTICA. Pon a los pies de Jesús tu vida
toda…Energía, ilusiones, actividad…También tus actos ordinarios, la monotonía de los días grises, el olvido de
una vid escondida, las mismas flaquezas y debilidades. El servirá todo para las almas.
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