|

"Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo Unigénito para
que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (Jn. 3:16).
El Hijo de Dios Encarnado, consubstancial Nuestro
Señor Jesucristo es el Salvador de la humanidad. Por voluntad de Dios Padre y por compasión hacia nosotros, pecadores, Vino
al mundo y se hizo hombre. Enseño a la gente con Su palabra y con Su ejemplo como hay que creer y vivir para ser justos y
dignos de ser llamados hijos de Dios, y partícipes de Su gracia y de Su vida inmortal. Para limpiar nuestros pecados y vencer
la muerte Él murió en la cruz y resucitó al tercer día. Ahora como Dios hombre él permanece en el cielo con el Dios Padre.
Jesucristo es la cabeza del Reino de Dios fundado por Él mismo; llamado Iglesia en el cual los creyentes se salvan dirigidos
y fortalecidos por el Espíritu Santo. Antes del fin del mundo Jesucristo vendrá otra vez a la tierra para juzgar a los vivos
y a los muertos. Después de esto empezará Su Reino de gloria, el paraíso, en el cual los que se han salvado se regocijarán
eternamente. Así fue predicho, y nosotros creemos que así será.
LA ESPERANZA EN LA VENIDA DEL MESIAS
El acontecimiento más grande en la vida de la
humanidad fue la venida a la tierra del Hijo de Dios. Dios preparó a la gente, sobre todo al pueblo judío, durante muchos
siglos para este acontecimiento. Dios hizo que hubiera profetas entre los integrantes del pueblo judío que predecían la venida
del Mesías y con eso sentaban las bases de la fe. Además de eso, durante muchas generaciones y empezando con Noé y siguiendo
luego con Abraham, David y otros hombres justos Dios purificaba ese recipiente físico del cual debería tomar cuerpo el Mesías.
Así al final, nació la Virgen María que fue digna de ser la Madre de Jesucristo. Al mismo tiempo,
Dios y los sucesos políticos del mundo antiguo, hicieron que la venida del Mesías tuviera éxito y que su Reino de gracia se
expandiera ampliamente entre la gente. Así, cuando llegaba el tiempo de la venida del Mesías muchos pueblos paganos pasaron
a formar parte de un solo estado: el imperio romano. Esta circunstancia hizo posible para los seguidores de Cristo, movilizarse
sin obstáculos por todos los países del extenso imperio romano. La lengua griega se extendía ampliamente y se reconocía comúnmente
entre los pueblos ubicados a grandes distancias y eso permitía a las comunidades cristianas mantenerse en contacto. Los evangelios
y las epístolas de los apóstoles se redactaron en griego. Como resultado del acercamiento de las culturas de distintos pueblos
y también como resultado de la difusión de la ciencia y la filosofía las creencias en dioses paganos decayeron fuertemente.
La gente estaba sedienta de respuestas satisfactorias a sus inquietudes religiosas. Los líderes y pensadores del mundo pagano
entendieron que la sociedad estaba llegando a un callejón sin salida y empezaron a expresar la esperanza de que llegaría el
transformador y salvador de la humanidad.
LA VIDA TERRENAL DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO
Para el nacimiento del Mesías, Dios escogió a
la pura Virgen María, descendiente del Rey David. María era huérfana y velaba por ella su pariente lejano, el anciano José,
que vivía en Nazaret, uno de los pueblos pequeños del norte de la Tierra Santa. Se le presentó a la Virgen María el Arcángel
San Gabriel y le comunicó que ella fue escogida por Dios para ser la madre del Hijo de Dios. Cuando la Virgen María aceptó
humildemente el Espíritu Santo descendió sobre ella y ella concibió al Hijo de Dios. El posterior nacimiento de Jesucristo
tuvo lugar en el pequeño pueblo judío de Belén, en el cual antes había nacido el rey David, antepasado de Cristo, (los historiadores
relacionan el momento del nacimiento de Jesucristo a los años 749-754 después de la fundación de Roma). El cálculo aceptado
de los años "después del nacimiento de Cristo" empieza en el año 754 después de la fundación de Roma. La
vida, los milagros y las pláticas de nuestro Señor Jesucristo se describen en cuatro libros denominados Los Evangelios. Los
primeros tres Evangelistas, Mateo, Marcos y Lucas describen los hechos de la vida de Cristo que sucedieron principalmente
en Galilea en el norte de la Tierra Santa. Por su parte Juan complementa la narración describiendo los sucesos y pláticas
de Cristo que tuvieron lugar principalmente en Jerusalén.
Hasta los 30 años de edad Jesucristo vivió junto con su madre, la Virgen María,
en Nazaret, en la casa de José. Cuando Jesús cumplió 12 años, Él, junto con sus padres se dirigió a Jerusalén para celebrar
la Pascua y estuvo en el templo tres días, conversando con los escribas. No se conoce nada sobre otros detalles de la vida
del Salvador en Nazaret, excepto que ayudaba a José trabajando como carpintero. Como hombre Jesucristo creció y se desarrolló
de una manera natural, como todas las personas.
Al cumplir los 30 años Jesucristo fue bautizado por el Profeta Juan el Bautista
en el río Jordán. Antes de empezar su obra misionera fue al desierto y ayunó durante 40 días durante los cuales fue tentado
por Satanás. Su obra misionera Jesús la empezó en Galilea eligiendo a los Doce Apóstoles. La transformación del agua en vino
durante las bodas de Caná fortaleció la fe los discípulos en Jesucristo. Después de esto y de pasar algún tiempo en Capernaum,
Jesús se dirigió a Jerusalén para celebrar la Pascua. Aquí por primera vez se despertó la enemistad de los ancianos judíos,
en especial de los fariseos contra Jesús, en especial cuando expulsó a los mercaderes del templo. Después de la Pascua Jesús
llamó a sus apóstoles, les dio las exhortaciones necesarias y los envío a predicar el acercamiento del Reino de Dios. Jesús
también recorría la Tierra Santa, predicando, reuniendo seguidores y extendiendo la doctrina del Reino de Dios. Jesucristo mostró su misión divina con una cantidad de milagros y profecías. La naturaleza insensible
le obedecía incondicionalmente. Así, por ejemplo, oyendo su voz la tormenta cesaba; El caminaba sobre el agua como si fuera
tierra firme; multiplicó cinco panes y unos cuantos peces y dio de comer a una multitud de varios miles. En otra ocasión convirtió
el agua en vino. Resucitó muertos; echó fuera demonios; sanó una innumerable cantidad de enfermos. Jesucristo nunca hacía
nada de esto buscando hacerse un hombre famoso. Jesucristo nunca recurrió a su fuerza Todopoderosa para sus necesidades. Todos
sus milagros estuvieron llenos de profunda compasión hacia la gente. El mayor milagro del Salvador fue su propia resurrección
de entre los muertos. Con su resurrección Él venció al poder de la muerte sobre las personas y sentó las bases para nuestra
resurrección de entre los muertos, que tendrá lugar cuando llegue el fin del mundo.
Los Evangelistas registraron muchas predicciones hechas por Jesucristo. Algunas
se cumplieron aún en tiempos de los apóstoles y de sus sucesores. Entre ellas: la predicción acerca de la negación por parte
de Pedro; de la traición de Judas Iscariote; de la crucifixión y resurrección de Cristo; la venida del Espíritu Santo sobre
los apóstoles; los milagros que iban a realizar los apóstoles; las persecuciones por causa de la fe; la destrucción de Jerusalén
y otras. Algunas profecías de Cristo que se refieren a los últimos tiempos, empiezan a cumplirse, por ejemplo: la divulgación
del Evangelio en todo el mundo; la corrupción de la gente y el enfriamiento de la fe; las espantosas guerras, terremotos,
etc. Por último algunas profecías como por ejemplo la resurrección de todos entre los muertos; la segunda venida de Cristo;
el fin del mundo y el día del juicio final todavía están por cumplirse. Con su poder sobre
la naturaleza y su previsión del futuro, el Señor Jesucristo atestiguó la legitimidad de sus enseñanzas y también que El verdaderamente
es el Hijo de Dios Consubstancial.
La obra misionera de nuestro Señor Jesucristo se prolongó por más de tres años.
Los sumos sacerdotes, los escribas y fariseos no aceptaron sus enseñanzas y sintiendo envidia por sus milagros y su éxito,
buscaban la ocasión para matarlo. Al final, ese momento se presentó. Después de la resurrección de Lázaro que llevaba muerto
cuatro días, el Salvador Jesucristo rodeado por el pueblo y solemnemente como Hijo de David y Rey de Israel, realizó la entrada
triunfal a Jerusalén. El pueblo le rendía honores de rey. Jesucristo se dirigió directamente al templo, pero como vio que
los sumos sacerdotes convirtieron la casa de oración en cueva de ladrones, echó de ahí a todos los que vendían y compraban
y a los cambistas. Eso enfureció a los fariseos y sumos sacerdotes, y ellos se reunieron y resolvieron matarlo. Entre tanto
Jesucristo enseñaba todos los días en el templo. El miércoles, uno de sus doce apóstoles, Judas Iscariote, les propuso a los
miembros del concilio, traicionar secretamente a su maestro, por treinta monedas de plata. Los sumos sacerdotes alegremente
estuvieron de acuerdo.
El jueves, Jesucristo, queriendo celebrar la Pascua, junto con sus discípulos,
se dirigió de Betania a Jerusalén, donde sus discípulos Pedro y Juan prepararon para El un gran aposento. Cuando Jesucristo
llegó allí esa noche les dio a sus discípulos el más grande ejemplo de humildad, lavándoles los pies. Esto lo hacían generalmente
entre los judíos los sirvientes. Luego sentándose junto con ellos celebró la Pascua del Antiguo Testamento. Después de la
cena Él instituyó la Pascua del Nuevo Testamento: el sacramento de la Eucaristía. Tomado el pan, lo bendijo, lo partió y lo
entregó a sus discípulos diciendo: "Tomad y comed, este es mi cuerpo, que se entrega por vosotros." Después, tomando
la copa, y habiendo dado gracias, les entrego y dijo: "Tomad todos de ella porque esto es mi sangre del Nuevo Testamento
que se derrama por muchos para la remisión de los pecados". Después de esto Jesucristo conversó por última vez
con sus discípulos acerca del Reino de Dios. Posteriormente se dirigió al Huerto de Getsemaní, en compañía de tres discípulos:
Pedro, Jacobo y Juan , se aparto de ellos y se internó en el huerto para orar. Estaba de rodillas y oró a su Padre intensamente
y su sudor era como gotas de sangre. Jesús oraba diciendo: "Padre, si lo deseas, aparta de mí esta copa de sufrimientos,
pero que no se haga mi voluntad sino la tuya."
En ese momento irrumpió al huerto un grupo de sirvientes armados de los sumo sacerdotes
guiados por Judas Iscariote quien entregó a su maestro con un beso. Mientras el sumo sacerdote Caifas reunía a los miembros
del concilio, los soldados llevaron a Jesús al patio de Ananí. De allí lo llevaron ante Caifas y bien tarde en la noche se
llevó a cabo un juicio. Aunque fueron llamados muchos a dar falso testimonio contra Él, ninguno pudo demostrar que Él había
cometido algún delito por el cual podría ser condenado a muerte. Sin embargo, la sentencia de muerte llegó, solamente después
de que Jesucristo reconoció ser Hijo de Dios y Mesías. Por esto a Cristo lo culparon de blasfemia, por lo cual debía
ser condenado a muerte.
El viernes por la mañana, el sumo sacerdote se dirigió junto con otros miembros
del concilio ante el procurador romano Poncio Pilato, para ratificar el veredicto. Pero Pilato al principio no estaba de acuerdo,
ya que no lo encontraba culpable ni merecedor de una sentencia de muerte. Entonces los judíos amenazaron a Pilato que reportarían
este hecho a Roma, al César. Pilato entonces ratificó la sentencia de muerte. Jesucristo fue entregado a los soldados romanos.
Cerca del mediodía, junto con dos malhechores, Jesús fue llevado al Gólgota, un pequeño monte del lado oeste del muro de Jerusalén,
y allí fue crucificado. Él aceptó sumisamente esa muerte. Era mediodía. De repente el sol se oscureció y las tinieblas cubrieron
la tierra por espacio de 3 horas. Después de esto, Jesucristo en voz alta se dirigió al Padre, diciendo: "Dios mío,
Dios mío porque me has abandonado. Luego, viendo que todo se cumplió según las profecías del Antiguo Testamento, Él exclamó
"Consumado es! Padre, en Tus manos encomiendo mi espíritu!" Y habiendo inclinado Su cabeza, entrego el espíritu. Después
de esto, ocurrieron señales terribles: el velo del templo se rasgo en dos de arriba abajo, la tierra tembló y las rocas se
partieron. Al ver esto, incluso un pagano, un centurión dijo: "Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios." Nadie
dudaba sobre la muerte de Jesucristo.. Dos miembros del concilio, José de Arimatea y Nicodemo, que eran secretamente discípulos
de Jesucristo, recibieron autorización de parte de Pilato para bajar su cuerpo de la cruz y lo pusieron en el sepulcro de
José de Arimatea, en un huerto, cerca del Gólgota. Los miembros del concilio se encargaron de que el cuerpo de Jesucristo
no fuera robado por sus discípulos y para ello sellaron la entrada y pusieron guardias. Todo fue hecho de una manera presurosa,
ya que la fiesta de la Pascua empezaba en la noche de ese ida.
El domingo al tercer ida después de su muerte en la cruz, Jesucristo resucitó de
entre los muertos y salió del sepulcro. Después de esto un ángel venido del cielo quitó la roca de la entrada del sepulcro.
Los primeros testigos de este suceso fueron los soldados que hacían guardia en el sepulcro de Cristo. Aunque los soldados
no vieron a Jesucristo resucitado de entre los muerto, sin embargo, ellos fueron testigos presenciales del hecho de que cuando
el ángel quitó la piedra el sepulcro ya estaba vacío. Habiéndose asustado del ángel, los soldados huyeron. María Magdalena
y otras mujeres que habían salido hacia la tumba de Jesucristo aún antes del amanecer para ungir el cuerpo de su Señor y Maestro
con perfumes y hierbas aromáticas encontraron el sepulcro vacío y tuvieron el honor de ver a Cristo resucitado y oír de El
saludo: "Álégrense." Además de aparecerse ante María Magdalena, Jesucristo se le apareció a muchos de sus discípulos en diferentes
momentos. Entre ellos, algunos incluso tuvieron el honor de palpar su cuerpo y convencerse de que no era un fantasma. Durante
cuarenta días Jesucristo conversó varias veces con sus discípulos, dándoles las ultimas exhortaciones.
Al cuadragésimo día Jesucristo en presencia de sus discípulos ascendió al cielo
desde el Monte de los Olivos. Nosotros creemos que Jesucristo está sentado a la diestra de Dios Padre, es decir que tiene
un mismo poder con el Padre. Y vendrá por segunda vez a la tierra antes del fin del mundo y para juzgar a los vivos y a los
muertos, después de lo cual empezará su reinado glorioso y eterno en el cual los justos van a resplandecer como el sol.

COMENTARIO
ACERCA DE LA APARIENCIA FISICA DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO
Los santos apóstoles que escribieron sobre la vida y enseñanzas de nuestro Señor
Jesucristo no mencionan nada acerca de su apariencia física. Lo más importante para ellos era registrar su apariencia espiritual
y su doctrina. En la iglesia del oriente existe la leyenda acerca de la Imagen Sagrada
del Salvador (no hecha a mano), que dice que el rey Avgar de Edesa mandó a un pintor que intentó varias veces dibujar
el rostro del Salvador sin éxito. Entonces Cristo llamó al pintor y colocó el lienzo contra su cara y quedó impreso el rostro
de Jesús en ese lienzo. Cuando el rey Avgar recibió esa imagen del pintor se curó de lepra. Desde entonces esta imagen milagrosa
del Salvador es muy bien conocida en la iglesia del oriente y de ella se hicieron íconoscopias. Acerca de la Imagen Sagrada
no hecha a mano del Salvador han escrito: el historiador antiguo de Armenia, Moisés Jorenski; el historiador griego Evargi
y San Juan de Damasco. En la iglesia occidental existe la leyenda de la Imagen Sagrada de
Santa Verónica, que entregó un manto para que Jesús, quien iba camino al Gólgota, se secara el rostro. En ese manto quedó
la impresión de su rostro, que luego llegaría a occidente. En la Iglesia Ortodoxa se acepta
representar al Salvador en íconos y frescos. Estas imágenes no buscan transmitir con exactitud su apariencia sino que son
más bien recordatorios, símbolos, que elevan nuestro pensamiento hacia aquel, que esta ahí representado. viendo la representación
del Salvador recordamos su vida y su amor, su compasión, sus milagros y su doctrina; recordamos que El como es omnipresente,
está con nosotros, ve nuestras dificultades y nos brinda ayuda. eso nos motiva a dirigirle una oración a Jesús: "Hijo de Dios,
ten piedad de nosotros. " El rostro de Jesucristo y todo su cuerpo, quedó también impreso
en el llamado "Sudario de Turín," que es una larga sábana en la cual según la tradición fue envuelto el cuerpo del Salvador
cuando fue bajado de la Cruz. La imagen en el sudario se pudo ver hace relativamente poco con la ayuda de fotografías, filtros
especiales y computadoras. La imagen del rostro del Salvador que aparece en el Sudario de Turín, tiene un asombroso parecido
con algunos íconos bizantinos (coinciden a veces entre 45 y 60 puntos, cosa que en opinión de los especialistas, no puede
ser casualidad). Al estudiar el Sudario de Turín, los especialistas llegaron a la conclusión de que está reflejado un hombre
de aproximadamente 30 años, de 1,81 metros de altura, significativamente más alto que sus contemporáneos, esbelto y de contextura
fuerte.
LA DOCTRINA DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO
Acerca de su doctrina Jesucristo dijo así: "Yo para esto he nacido y para esto
he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Y todo aquel que es de la verdad, escucha mi voz" (Jn. 18:37). Por
eso, nosotros, debemos recibir con reverencia cada palabra de Cristo como absoluta e indiscutible verdad, y sobre basar sobre
ella nuestra vida y nuestra concepción del mundo. Jesucristo enseñó sobre sí mismo como
el Salvador de la humanidad "El Hijo del hombre ha venido para salvar lo que se había perdido... vino para servir y
para dar su vida en rescate por muchos" (Mt.18:11 y 20:28). El Hijo de Dios, hizo suya la misión de salvar a la gente,
haciendo la voluntad de su Padre que amó de tal manera al mundo, que "ha dado a su Hijo unigénito para que todo aquel que
en El cree, no se pierda, y tenga vida eterna" (Jn. 3:16). Jesucristo enseñó que El
es de la misma naturaleza con el Dios Padre. "Yo y el Padre, Somos uno" (Juan 10:30). Jesucristo también enseñó que
al mismo tiempo descendió del cielo y a la vez está en el cielo. Simultáneamente permanece en la tierra como hombre y permanece
en el cielo como Hijo de Dios siendo Dios hombre (Jn. 3:13). "Por eso todos deben honrar al Hijo, como honran al Padre.
El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió" (Jn. 5:23). Jesucristo profesó la verdad de su naturaleza divina
incluso antes de sus sufrimientos en la Cruz, y por esta razón fue condenado a muerte por el concilio. Los miembros del concilio
le comunicaron a Pilato: "Nesotros tenemos una ley y según nuestra ley debe morir porque se hizo a sí mismo Hijo de Dios"
(Jn. 19:7.). Habiendo dado la espalda a Dios, la gente se confundió en sus ideas religiosas
acerca del Creador, su naturaleza inmortal, el sentido de la vida, lo que está bien, lo que está mal. El Señor Jesucristo
revela al hombre las bases de la fe y la vida, Jesucristo marca el rumbo de sus pensamientos y aspiraciones. Mencionando las
exhortaciones del Salvador, los Apóstoles escriben que: "Jesús recorría todas las ciudades y aldeas enseñando en
las sinagogas, y predicando el evangelio del Reino" (Mt. 9:35). A menudo el Señor empezaba sus enseñanzas con las palabras:
"el Reino de Dios se parece a... " De esto se debe concluir que, según Jesucristo la gente está llamada a recibir salvación
no individualmente, sino en conjunto, como una familia espiritual a través de todos los medios de gracia; que Él proveyó a
la Iglesia. Estos medios se pueden definir con dos palabras: Gracia y Verdad. (La gracia, es una fuerza invisible dada por
el Espíritu Santo, que ilumina la inteligencia del hombre, dirige su voluntad a hacer el bien, fortalece sus fuerzas del alma,
le trae paz interior y alegría pura y santifica todo su ser). Hablando de la salvación,
Jesucristo, enseñó acerca de las condiciones necesarias para que el hombre entre en su Reino de gracia. Nos enseño cómo debe
vivir y a qué debe aspirar el cristiano y cómo es la naturaleza y organización de su Reino. Ahora vamos a analizar los distintos
aspectos de la doctrina del Salvador.


|